Cuando Juan Roig anunció la construcción del Roig Arena, pocos éramos realmente conscientes de lo que estaba por llegar. Un pabellón destinado a convertirse en un auténtico coloso admirado en toda Europa y comentado incluso en el corazón de la NBA.
Todos seguíamos el avance de las obras. Día tras día aparecían imágenes de aquella estructura gigantesca creciendo ante nuestros ojos, pero todavía nadie alcanzaba a imaginar el espectáculo que se estaba gestando. Un recinto llamado a convertirse en uno de los mejores pabellones del continente.
Quizá toda esa magnitud dejaba en segundo plano otros proyectos que hoy emocionan tanto o más.
Mucho más que un pabellón
Hablar de Valencia Basket es hablar de un proyecto global. De una idea de club. De una manera de construir futuro.
Y ahí aparece La Alqueria del Basket.
Sin exagerar: otro hito para el deporte valenciano.
El lugar donde miles de niños descubren cada día la ilusión por el baloncesto. Un centro de formación espectacular que se ha convertido en referencia nacional y europea. Instalaciones, tecnificación, cantera, cultura deportiva y sentimiento taronja.
Ahí empieza realmente el futuro.
Porque para entender lo que significa hoy Valencia Basket hay que recordar de dónde se venía. De aquellos tiempos donde casi todo dependía de instalaciones municipales a un modelo de excelencia que hoy provoca admiración.
Y mientras todos miraban al Roig Arena…
Llegó la gran sorpresa.
Mientras toda la atención mediática se centraba —con razón— en el Roig Arena y en La Alqueria, el club estaba construyendo en silencio magníficos equipos profesionales.
El femenino sigue haciendo historia.
Campeonas de Copa. Clasificadas para luchar por el título de Liga. Con un Rubén Burgos incansable, trabajador, hombre de club y ejemplo de estabilidad deportiva. Zaragoza espera ahora a un equipo que ya sabe lo que es ganar y competir al máximo nivel.
Y el masculino…
Lo del equipo de Pedro Martínez empieza a ser sencillamente espectacular.
Para el miércoles no queda una sola entrada. La ciudad respira ilusión. Pasión. Nervios. Expectación. Sensación de momento histórico.
La Euroliga está siendo increíble para Valencia Basket.
Muy pocos pensaban que este equipo podía ganar dos partidos consecutivos en Atenas ante el temido “dios griego”. Pero los falsos dioses también se tambalean. Y también caen.
Porque este Valencia Basket está bien construido, bien trabajado y extraordinariamente entrenado.
El miércoles puede ser histórico
Ahora llega otra cita para la historia.
La posibilidad de alcanzar una Final Four europea.
Casi como quien no quiere la cosa.
Muchos pensaban que Valencia Basket simplemente estaba de paso en esta Euroliga. Que competiría dignamente y poco más.
Pues no.
Hoy Europa admira al club. A la gestión. A la estabilidad. A una manera de hacer las cosas que no es casualidad.
Porque hacer las cosas bien durante años termina dando resultados.
Y pase lo que pase el miércoles, y pase lo que pase después en la Liga, lo que está consiguiendo Valencia Basket ya merece reconocimiento.
Cualquier aficionado al baloncesto —incluso quien no sigue este deporte habitualmente— percibe que en Valencia se está construyendo algo muy grande.
Muy serio.
Y probablemente sin techo.
El miércoles decidirá el verdadero dios del baloncesto frente a los dioses griegos.
Pero pase lo que pase, la afición taronja ya tiene motivos de sobra para sentirse orgullosa.
Por lo que está pasando.
Y, sobre todo, por todo lo que todavía puede pasar.
Julio Insa





