Pausa

De “Lim go home” a “Lim go on”: el convenio del Nou Mestalla allana la venta del Valencia CF

Por Julio Insa

Durante años, a una parte de la afición del Valencia se la empujó a una trampa. Se le hizo creer que para echar a Lim había que ir contra la viabilidad del club. Que cuanto peor para el Valencia CF, mejor contra su propietario. Que embarrar, bloquear y reventar la salida económica del club era una forma de resistencia.

Era una mentira. Y el convenio del Nou Mestalla lo deja escrito negro sobre blanco.

Lo que se ha firmado no es una derrota de Lim. No es la victoria del “Peter go home” ni del “Lim go home”. Es exactamente lo contrario: una operación de normalización jurídica, política y económica para que el principal activo del Valencia deje de ser un problema y empiece a parecer un negocio serio, ordenado y explotable.

No hace falta interpretarlo mucho. El propio expediente dice que el convenio busca “regular de forma anticipada y ordenada” el uso del estadio y “reducir la incertidumbre y los riesgos asociados a acuerdos puntuales”. Ahí está la clave. “Reducir la incertidumbre”. “Reducir los riesgos”. No lo digo yo. Lo dice el papel.

Traducido al castellano que entiende cualquiera: seguridad jurídica. Y la seguridad jurídica, en una sociedad anónima deportiva, no es una palabra bonita. Es dinero. Es valor. Es precio.

Porque el Valencia CF no es una ONG. Es una SAD. Tiene acciones, tiene dueño y tiene activos. Y esas acciones se venden mejor cuando el gran activo del club, que es el Nou Mestalla, deja de ser un foco de pleito, ruido y bochorno, y empieza a presentarse como una pieza con marco estable, con responsabilidades ordenadas y con menor riesgo institucional. Eso es exactamente lo que hace este convenio.

Por eso algunos llevamos años diciendo lo mismo: una cosa era Lim y otra el Valencia. Y la mejor manera de quitarse a Lim de encima no era arruinar la viabilidad del club, sino preservar su valor para hacerlo vendible. Lo demás era una consigna de barra de bar, muy útil para excitar a la grada y muy inútil para cambiar la propiedad.

Ahora resulta que todos lo entienden. Ahora los mismos que desautorizaban a Julio, que lo presentaban como poco menos que colaborador de Lim por negarse a pegarle fuego al club, se dedican a informar con voz engolada sobre las virtudes del convenio. Se han hecho institucionales. Oficialistas. Serios. Ya no hablan de sabotear nada. Ahora andan entretenidos con los conciertos de verano o con las duchas del polideportivo de Benicalap. Qué nivel. Qué casualidad. Qué pequeñez.

Porque mientras distraen a la gente con esas tonterías, el convenio hace cosas bastante más serias.

Por ejemplo, deja claro que si mañana un tribunal anula total o parcialmente la modificación puntual del Plan ATE de 2024, eso “no tendrá la consideración de incumplimiento imputable a ninguna de las partes” y Ayuntamiento y club “renuncian a exigirse recíprocamente ningún tipo de responsabilidad contractual ni extracontractual”. O sea: si hay problema judicial, aquí nadie se muerde. Aquí se protege el tablero. Aquí se quita riesgo cruzado. Eso no es literatura. Eso es blindaje.

Y por si alguien sigue vendiendo la Comisión de Seguimiento como si fuera la Guardia Civil del valencianismo, conviene leer la letra pequeña: sus reuniones y acuerdos “no tendrán efectos vinculantes ni ejecutivos para las partes, ni podrán sustituir los procedimientos administrativos correspondientes”. Mucha foto de control, mucho titular de vigilancia, mucho ceremonial… y luego resulta que el órgano estrella del convenio sirve para coordinar y seguir, no para imponer. Otra vez: menos épica y más estabilización.

Pero hay algo aún más demoledor para el relato que se nos vendió durante años. El propio marco vigente incorpora el derribo del viejo Mestalla al desbloqueo de la operación. En la ficha de gestión de la Zona A, para poder aprobar e inscribir la reparcelación de la fase del antiguo Mestalla se exige, entre otras cosas, “que la demolición del actual Estadio de Mestalla esté efectivamente ejecutada o, en su defecto, que se haya obtenido licencia de demolición para ello y constituida garantía económica por la totalidad del importe de las obras de demolición”. Más claro, agua.

Es decir: también por aquí han acabado haciendo lo contrario de lo que predicaban los iluminados de los últimos años. Porque convencer a la afición de que no había que derribar el viejo Mestalla para presionar a Lim era otra idea suicida. Bloquear el derribo era dificultar la salida del suelo, complicar la operación económica y entorpecer la obtención de recursos. Era hacer menos vendible el club. Justo lo contrario de lo que había que hacer si de verdad querías abrir la puerta de salida al propietario.

Ahora ya no conviene recordarlo, claro. Ahora es más cómodo hablar del aforo de un concierto o de si las duchas de Benicalap tendrán agua caliente. Ahora los grandes inquisidores se han quedado en cronistas de lo accesorio, mientras el convenio hace lo importante: reduce incertidumbre, acota riesgos, ordena responsabilidades y deja una alfombra roja bastante decente para que Lim venda sus acciones en mejores condiciones.

Y esa es la verdad incómoda. Este convenio no humilla a Lim. Le mejora el escaparate. Le pone al día el activo. Le limpia parte del contexto. Le rebaja amenaza institucional. Le hace más presentable el Nou Mestalla a cualquiera que quiera mirar el Valencia CF como lo que es: una sociedad con un estadio explotable, con negocio alrededor y con una base sobre la que, además, quizá pueda llegar una gestión deportiva mejor.

Porque sí: esa es la otra parte del asunto. Si Lim vende y entra alguien que sepa explotar el club y además quiera competir en serio, el Valencia puede salir ganando. Pero eso no cambia la conclusión principal. El primer beneficiado por esta normalización no es la afición. Es el vendedor.

Por eso durante años Julio tenía razón y muchos otros no. Porque entendió antes que nadie que el camino para sacar a Lim no era hundir el club, sino mantenerlo vivo, ordenarlo y hacerlo viable para otro. Lo han llamado de todo por decirlo. Y ahora llegan todos, tarde y peor, a firmar lo mismo que antes demonizaban.

Han pasado del “Lim go home” sentimental al “Lim go on” práctico. Y encima quieren darnos lecciones.

El convenio está ahí. Lo hemos leído. Y por eso podemos decirlo: no han derrotado a Lim. Le han preparado mejor la puerta de salida.

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